Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Los Orígenes

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Cerro de los Ángeles

El Cerro de los Ángeles, perteneciente al término municipal de Getafe, es un "cerro testigo" u otero, con una altura de seiscientos sesenta y seis metros sobre el nivel del mar, situado a trece kilómetros al sur de Madrid y a cuatro kilómetros de Getafe.

Durante la conquista de Toledo a los musulmanes, en 1085, bajo el reinado de Alfonso VI, el hoy Cerro de los Ángeles ya se conocía como Cerro Almodóvar, topónimo de origen árabe que significa "el redondo" y que en algunos diccionarios se define como "plaza fortificada".

Su situación privilegiada, en medio de la meseta castellana, unida al hecho de que desde su parte superior se puede divisar gran parte de su entorno geográfico y las poblaciones que le circundan, le convirtieron en un lugar estratégico, desde el que se podía controlar y vigilar toda la zona, y un punto vital para las comunicaciones entre la zona norte y sur de la región central.

La tradición dice que en el Cerro existía una fortaleza de origen romano, bien para la guarda y descanso de sus destacamentos, para la vigilancia de los caminos que por sus faldas transcurrían o simplemente como torre de señales. Esta edificación, o mejor dicho, sus restos, fue descrita en varias ocasiones por los habitantes de nuestro pueblo (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Si además se tiene en cuenta que en las cercanías del Cerro de los Ángeles, el zona de la Torrecilla, se encuentra una residencia romana de cierta importancia y que se estima que la vía romana Septimaniam se dirigía a Pinto transcurriendo por estos terrenos, no parece nada descabellado pensar que las legiones romanas ya utilizasen dicho cerro, como punto de observación y control del valle, para lo que establecerían allí esa pequeña fortificación. Igualmente, es más que probable que los musulmanes, unos siglos más tarde, estableciesen también en ese lugar una atalaya o pequeña fortificación que les sirviese para controlar las vías de acceso a Madrid y Toledo; e, incluso, que para ello habrían respetado y reconstruido la antigua fortificación romana. (José María Real, 2014).

Según las crónicas, Getafe fue destruido en las luchas por la reconquista, creyéndose que fue el rey Alfonso VI el que restituyó estas tierras a la cristiandad, en 1083. Posteriormente, sería reconstruido, de acuerdo a lo indicado en los "Anales de Madrid", de Antonio de León Piñelo, donde se dice: "1150 - por este tiempo fue reparado el pueblo de Getafe con este mismo nombre donde estuvo en tiempos de moros el lugar de Satafi. Dista dos leguas de Madrid camino de Toledo".

Pues bien, se cree que Alfonso VI, en acción de gracias por la conquista de Madrid, en 1085, mandó construir en el Cerro un oratorio o pequeña ermita, quizás un humilladero, con el fin de honrar a la Virgen. Puede que allí alojaran una de esas primitivas imágenes románicas, que tanto se prodigaron por España, dándole el culto y reverencia a que estaban acostumbrados.

La existencia o no de de una ermita en aquel tiempo no está clara en la actualidad. No se dispone de datos que induzcan a pensar la veracidad de su existencia, salvo esta leyenda que dice: "que cuando viajaba de Castilla a Andalucía San Juan de la Cruz hizo noche en la ermita del Cerro de los Ángeles". Esto tiene cierta lógica ya que los peregrinos solían pernoctar en ermitas; San Juan de la Cruz vivía en la pobreza, y es posible que al saber que en aquella ermita se veneraba una imagen de la Virgen quisiera visitarla (Pedro Pingarrón y Mariano Rojas, 1986).

Aunque lo cierto es que esa pequeña ermita , si es que existió, debió desaparecer con los años; puesto que, en 1576, según las "Relaciones topográficas de los pueblos de España", ordenadas por Felipe II, en los alrededores de Getafe sólo se mencionaban las ermitas de San Marcos, la Concepción, Santa Quiteria, San Sebastián y la del Espíritu Santo, sin hacer ninguna referencia a la ermita de la Virgen de los Ángeles en el Cerro.

Ciertamente, en todos estos años que transcurren entre el siglo XI, época de la Reconquista en la zona central, y el siglo XVI, época de las "Relaciones topográficas….." de Felipe II, este lugar no aparece citado en ningún documento, aunque es posible que fuese retiro de Franciscanos de la T.O.R. (Tercera Orden Reglada).
Además, hay que resaltar que Nuestra Señora de los Ángeles es la patrona de la Orden Franciscana, que se celebra el 2 de agosto, también llamada la "Porciúncula".
En Madrid, la orden Franciscana tenía bastante importancia con varios edificios: el Convento Nuestra Señora de los Ángeles de Franciscanos, actual Basílica de San Francisco el Grande; el Convento Nuestra Señora de los Ángeles de Clarisas, desaparecido en el siglo XIX; el Hospital de la Venerable Orden Tercera y la Capilla de la Venerable Orden Tercera, Capilla Santísimo Cristo de los Dolores, los dos últimos a los lados de la basílica neoclásica (Carlos Javier Vergara, 2019).

Se construye la Ermita

Según los datos de que se dispone, la talla de la Virgen se entregó en 1610, instalándose en la capilla de la casa de El Paular a la espera del traslado definitivo a su ermita en el Cerro. Pues bien, en la procesión de rogativas de 1612 no consta que todavía hubiera ermita. Fue en 1616, el último domingo de abril, cuando se celebró en el ya Cerro de los Ángeles la primera fiesta en honor de Nuestra Señora de los Ángeles y en esta primera fiesta , perfectamente documentada, la Virgen ya estaba afincada en su ermita. Por tanto, la nueva ermita debió construirse entre 1612 y 1616; se trataba de una pequeña ermita, sin campanario, ubicada en el emplazamiento donde anteriormente habrían estado el oratorio o capilla mandada construir por Alfonso VI, la atalaya musulmana y la fortificación de origen romano, sucesivamente.

Un año después, en 1617, hay referencias de que en el Cerro se realizaban obras de acondicionamiento de la primitiva ermita, que por estar en la altura dominante de la zona, sufría ferozmente el azote de los elementos atmosféricos.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Dibujo de la Ermita

con la Nueva Espadaña

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Dibujo de la Ermita

con Espadaña y la Nueva Arcada

Volvemos a tener noticias en 1618, cuando se instala la primera campana en la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, lo que hace suponer que entre 1617 y 1618 se construyó una pequeña espadaña que debía soportarla; la espadaña se sitúa en el frente de Poniente de la ermita, sobre lo que hoy es la entrada principal.
La referida campana fue bendecida por el Obispo de Troya y Obispo Auxiliar de Toledo, Calificador del Consejo del Santo Oficio de la Inquisición de esta ciudad.

Parece que, en ese mismo año de 1618, se habría iniciado el montaje del retablo barroco donde se albergaba la imagen de la Virgen. Podemos reseñar que, en el año 1627, se estaba todavía en la construcción del retablo de la ermita, comenzado hace años en presencia del obispo de Troya. Este retablo fue construido por iniciativa del cura párroco, D. Lope Duarte, artífice también de la reconstrucción de la Magdalena.

El primer ermitaño del que se tienen noticias, un tal Simón Muñoz, inició a su manera un sistema contable sobre los donativos y mandas que se hacían a la Virgen. En uno de estos documentos, fechado en 1631, se indica que "Jerónimo de Herrera debe por su suegra 100 reales…". Las obras que motivan este capítulo se deducen de un documento en el que el párroco Lope Duarte indica, de su puño y letra, entre otras cosas, que un tal Antonio Herreros había dejado en su testamentaría la cantidad de mil reales para el dorado del citado retablo (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Muy avanzada estaba ya la fábrica de la ermita de la Virgen, cuando en 1684 se encarga al maestro barroco Vicente de Benavides que pintara la cúpula; en sus cuatro pechinas encontramos representaciones de los cuatro evangelistas con sus símbolos: Mateo, hombre; Marcos, león; Lucas, toro; y Juan, águila.
El maestro, quien en 1691 sería nombrado pintor del rey Carlos II "ad honorem" por sus trabajos en el Palacio y Real Coliseo del Buen Retiro, trajo como ayudante de esta obra a un tal Matutano, según lo relata Sánchez Cantón en su obra "Pintura de los Austrias".

Durante todo el siglo XVIII, en la ya ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, se realizan reparaciones y acondicionamiento, tanto en la fábrica como en las dependencias dispuestas a su alrededor; con ello, poco a poco, iría adquiriendo una configuración muy similar a la que podemos ver en su forma actual.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Retablo Principal de la Ermita 

En (Marcial Donado y Manuel de la Peña,1983) se indica cómo, en 1722, el administrador de la Hermandad, don Diego de Benavente, presbítero de Getafe, ante la visita del enviado eclesiástico del Arzobispo de Toledo, don José Pérez de Lara, da una explicación detallada relatando como gastos extraordinarios los 10.000 reales de vellón empleados en el dorado del retablo de la Virgen, 8.000 que costó la construcción del retablo, 2.000 para los retablos de las esquinas y 2.000 para el Cristo de la Agonía.
También da cuenta del coste de la reja del púlpito, del enlosado de la ermita, de unas reparaciones efectuadas en un cáliz y varios ornamentos.
Así mismo, comenta al visitador cómo ha tenido que reparar la casa que estaba junto a la ermita, sin duda la que ocupara el santero o ermitaño de la misma.
Un año más tarde, en 1723, por orden del párroco don Manuel de Velasco, se paga al maestro Marcos Gómez, la cantidad de 340 reales como un anticipo a cuenta de la obra pendiente de realizar en el dorado del retablo de la ermita y que nos revela el nombre del artífice.

Parece que la Marquesa de Perales, tan unida a Getafe, habría colaborado en la instalación de la barandilla para el pulpito citada, que realizó Manuel de Fraga, maestro cerrajero de Madrid (Mª Teresa Garrote, 2019).

Es también de 1722 una carta de pago de Don Francisco de Fuentes, un maestro de obras de Madrid, a favor de Don Diego Benavente, por el importe de 9.382 reales de vellón, fechada el 25 de octubre de 1719, que todo parece indicar que fue lo que costó  "hacer el cuerpo de la ermita" de yesería, lo mismo que estaba el crucero. Este importe sólo se destinó a jornales y mano de obra, amén de otras cantidades destinadas a reparar la fábrica de la ermita y de cuyo importe no existen recibos. Por tanto estamos refiriéndonos a una ampliación en toda regla de la anterior ermita. En ese mismo documento se registra el gasto causado por embaldosar la ermita y colocar la reja de la tribuna. También se anota el hecho de que el Sr. Visitador se queja porque encuentra indecente la fachada de la puerta principal de la ermita, aconsejando reunir dinero para su mejora y ampliación (Carlos J. Vergara, 2001) (José María Real, 2014).

Se inicia al mismo tiempo una campaña de recogida de donativos que permita afrontar las obras proyectadas. Con el dinero recogido se comienzan las obras, se acomete el dorado de las rejas del coro y se repara el enfoscado del campanario, que aún no era torre.

En 1727 volvemos a tener noticias del dorador Marcos Gómez, al que ahora se le abonan 3.000 reales por el dorado de los altares que rodean el crucero de la ermita, ya que el trabajo que realizó en el retablo principal, lo terminó de cobrar en 1723. Pero en el Cerro siguen las continuas reparaciones del enfoscado exterior y a Marcos Gómez, el dorador, le tienen que pagar de limosnas los restos del trabajo efectuado en los altares (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Según las mismas fuentes citadas anteriormente, hacia 1732, tras una tormenta, el pequeño campanario de espadaña se cae, arrastrando parte de los muros del cuerpo de la ermita. El arreglo de los desperfectos lo realiza el maestro albañil de Madrid, Francisco Fuentes, al que se le aprovecha para que reponga el solado del piso. Por el arreglo de albañilería más las baldosas traídas de Mocejón, cobró 2.130 reales.
Como consecuencia del derrumbe del campanario y parte de la ermita, los retablos sufrieron las consecuencias, por lo que hubo que someterlos a una reparación de sus dorados, operación que realiza José Martínez por el precio de 109.000 maravedís; también se procedió a la reparación de los dorados del púlpito.

En 1735 se realiza una reconstrucción del campanario y se levanta una nueva espadaña, colocándose otra vez la campana original. La obra es realizada por los hermanos y maestros alarifes Manuel y José de Trigo (José María Real, 2014).

En 1741, siguiendo con la idea de dotar a la ermita de materiales con la consistencia necesaria, se encargaron a los maestros carpinteros Juan Pérez y Pedro González, vecinos de Trillo, la construcción de unas puertas para la ermita, que fueron aderezadas con la clavazón necesaria por Pedro Pastrana Garrido, vecino de Cifuentes. Esta importante obra costó al pueblo la cantidad de 54.000 maravedís (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Nueva Torre-Campanario

El párroco de la Magdalena, D. Diego Santos Reolid, y el presbítero y administrador de la Virgen, Manuel Zapatero, recibieron aviso para que acudiesen a la casa de un getafense muy célebre por sus actividades militares, el General D. Juan Pingarrón y Abad; el General, padeciendo problemas graves en la vista, había solicitado licencia y trasladado a Getafe, su pueblo natal, para curarse.
Don Juan, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos y Comandante General de la Artillería, les comunica que quiere donar a su querida Virgen de los Ángeles dos campanas y unas banderas, ganadas al enemigo en sus campañas de Italia, para ser instaladas en la ermita de la Virgen en el Cerro. Se tiene constancia de que en el inventario de la toma de Capua aparecen dos campanas, que podrían ser las mismas que Don Juan quería donar ahora.
El párroco y el presbítero trasladan el ofrecimiento a los miembros de la Hermandad quienes, al comprobar que en el Cerro no existía lugar adecuado para la instalación de las campanas, deciden aprovechar la ocasión y remodelar la ermita construyendo una nueva torre-campanario.
Don Diego Santos Reolid, el cura párroco, se une a la idea y solicita al Arzobispado de Toledo el permiso necesario para realizar las obras.

Con fecha 9 de enero de 1748 se recibe la certificación del permiso dado por Don Nicolás López Álvarez, secretario del Consejo de la Gobernación del Arzobispado de Toledo, señalando la condición de que ha de ser mediante limosnas de los fieles. A continuación se transcriben el cargo y data que constan anotados en el "Libro de Obras de la Ermita del Cerro de los Ángeles" dando cuentas de los permisos y certificados obtenidos y entregados para la obra de la torre (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983) (José María Real, 2014).

"Cargo.- Declarase que Don Juan Pingarrón, Marqués de la Granja, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos y Comandante General de la Artillería, natural de este lugar, ofreció a María Santísima de los Ángeles dos campanas para que en dicha su Ermita y Santa Casa se colocasen; y por no haber comodidad oportuna para ello, se ocurrió por parte del cura propio de la Parroquial de este dicho lugar, ante los señores del Consejo de la Gobernación de este Arzobispado, solicitando licencia para ello. Y por dichos señores se le concedió para que en el lugar y sitio competente de la expresada ermita, se colocasen las enunciadas dos campanas, pagando su coste de las limosnas ofrecidas y que por los fieles se ofreciesen. Como más largamente consta de certificación dada por Don Nicolás López Álvarez, su secretario, su fecha 9 de Enero del año pasado de mil setecientos cuarenta y ocho, que su tenor es el siguiente.
En la ciudad de Toledo a nueve de Enero de mil setecientos cuarenta y ocho los señores del Consejo de S.R.A. el serenísimo Señor Infante Cardenal de España, ante mí su secretario. En vista de lo pedido por parte de Don Diego Santos Reolid, cura propio de la Iglesia Parroquial del lugar de Getafe y Administrador de la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, sobre que se le conceda licencia para colocar en ella dos campanas que por ser de gran devoción de dicha Santa Imagen ha dado Don Juan de Pingarron, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos: Dieron licencia para que en dicha ermita se coloquen las campanas en el sitio competente, pagándose su coste de las limosnas ofrecidas y que se ofreciesen por los fieles. Y dicho cura esté a la vista al tiempo que la colocación de dichas campanas para que no siga perjuicio a la Fábrica material de dicha ermita, y habiéndole dé cuenta a este Consejo antes de ejecutarse.
Nicolás López Álvarez, secretario.
Concuerda con su original, que exhibió dicho cura en este tribunal de visita de que yo, el Notario doy fe y al que me remito, en virtud de la cual se ordena levantar una torre en dicha Ermita, para colocar en ella a las dichas campanas diputando para la obra diligencia de limosnas al expresado Don Manuel Zapatero, quien percibió del cura propio, de los caudales que en su poder se hallaban propios de dicha Santa Imagen, cinco mil y quinientos reales que se cargan”.

"Data. Por una certificación dada por Don Nicolás López Álvarez, Secretario del Consejo de la Gobernación de este Arzobispado , su fecha nueve de enero de mil setecientos y cuarenta y ocho, consta que los señores de él, dieron licencia para colocar las campanas que por su devoción ofreció a Nuestra Señora de los Ángeles Don Juan Pingarrón, Marqués de la Granja, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, en el lugar y sitio competente de dicha ermita, pagando su coste de las limosnas ofrecidas y que por los fieles se ofrecieren; en cuya virtud se dio principio a la construcción y fábrica de la torre que se ha ejecutado; y por dicho cura propio se ha entregado para ayuda a su coste a la persona diputada para la promoción de la obra las partidas siguientes
Por un vecino de Don Manuel Zapatero, Presbítero de este lugar, su fecha diez y nueve de septiembre de mil setecientos cuarenta y ocho consta que como diputado para la dicha obra, percibió de otro cura propio, mil reales".

El pueblo respondió con sus limosnas y, enseguida, hubo aportaciones de parte de los vecinos de Getafe más algún que otro devoto de Madrid.
Aparte, se regalaron joyas, prendas, granos, animales y otros efectos que fueron vendidos o rifados, produciendo un total, incluidas las limosnas de los citados vecinos, de 3.379 reales y 14 maravedíes. En esta cifra se incluye, también, las multas que uno de los alcaldes de Getafe, Blas Cifuentes, impuso a los vecinos durante la duración de las obras y que fueron cedidas para la construcción de la torre (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Dibujo de la Ermita con el Nuevo Campanario 

De los fondos de la Virgen se retiraron 1.000 reales, que sirvieron de base a la colecta que pronto alcanzaría la cantidad de 5.500, logrando la aquiescencia definitiva del Arzobispado, como queda de manifiesto en los documentos anteriores.

Las obras de la torre, realizadas por el maestro alarife Juan de Villena, concluyeron a finales de 1749.
Para la culminación de la torre se puso un chapitel de tejas de pizarra, sobre una estructura de madera y se colocaron una bola de cobre y una cruz en el vértice; finalmente, se instalaron las campanas en sus huecos y se procedió a un volteo general que se escuchó en Getafe.
Según Marcial Donado y Manuel de la Peña, la obra consumió: 229 fanegas de cal viva, cincuenta de cal preparada, 27.763 ladrillos, 1.500 ladrillos "extraordinarios" para el remate de la cornisa. Los jornales consistieron en 724 reales y 17 maravedíes que se pagaron al maestro Juan de Villena en donde se incluían los sueldos de oficiales y peones que habían trabajado en la obra. La madera que se empleó fue regalo del Monasterio de El Paular, que como se sabe tenía casa en Getafe, y se trajo hasta Madrid por cuenta de los fondos de la ermita; el trasporte hasta el cerro se hizo con las limosnas de varios vecinos de Madrid, prueba del arraigo que tenía la Virgen de los Ángeles entre los Madrileños.
En el chapitel se emplearon 8.000 tejas de pizarra, y la cruz de la veleta la hizo Tomás Martín al precio de 244 reales. Las bolas de cobre para el remate de las buhardillas costaron 104 reales. La colocación de la cruz, las bolas y las campanas costaron 64 reales y 27 maravedís.

La inauguración de la nueva torre, tuvo lugar en 1750. Tras la tradicional ceremonia litúrgica a la que asistieron numerosos vecinos, se celebró una fiesta en donde se gastaron cincuenta y cuatro reales en el refresco de rigor.

Como se ha indicado, junto con las dos campanas, Don Juan Pingarrón donó dos estandartes, de los que en 1734 había ganado a los austriacos, que refugiados en Capua, sucumbieron a su asedio de las tropas bajo su mando. Igual que en la Basílica de la Virgen de Atocha lucían todos los estandartes ganados al enemigo en las campañas de Italia, Don Juan quiso ofrecer al menos dos de ellos a su patrona.

Banderas del General Pingarrón

Ermita con las Banderas del General Pingarrón

En un inventario de la ermita, realizado en 1755 se dice: "… y encima (del altar) dos banderas ofrecidas por el regimiento de África. Banderas que fueron entregadas por el General Pingarrón".
También D. Francisco Gascón, en su Historia de Getafe de 1890, refiere el tema de las banderas: "este Santuario tiene las banderas de la batalla de Milán, que así como las campanas de la Ermita, fueron regalo del hijo del pueblo, General Pingarrón, que en dicha batalla y en la de Ceuta, fue el principal héroe".
Los dos estandartes tenían sus propias moharras, que al parecer debieron desaparecer durante nuestra contienda civil en el año 1936, ya que fue a partir de esa fecha cuando se las perdió de vista (José María Real, 2014).

Reformas en la Fachada y Puerta Principal

En 1750 fallece el presbítero Manuel Zapatero, durante muchos años administrador de la Virgen. En su testamento deja una manda de 350 reales para la construcción de la fachada de la ermita que da a Poniente. Sin embargo, en 1753 aún no se había comenzado la reforma, a pesar de que el dinero legado se había entregado a Silvestre Ruiz del Campo, maestro de obras de Madrid, para la ejecución de las obras.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Dibujo de la Ermita con la Nueva Fachada

Fue en 1771, con motivo de la construcción de la nueva carroza para la Virgen, cuando se aborda la reforma de la puerta principal que está en la fachada de Poniente. La altura de la carroza proyectada, al colocarse sobre ella la imagen de la Virgen, excedía la altura de las puertas existentes en la ermita impidiendo su salida por cualquiera de ellas.
Los responsables de la Hermandad, el administrador y el párroco, por aquel entonces Don Jerónimo Herreros, se trasladan a la ermita para comprobar in situ el problema que se presentaba; y, ante la complejidad del caso, deciden exponerlo al Consejo de la Gobernación del Arzobispado, para que decida sobre la solución más apropiada. El Consejo, tras los análisis técnicos correspondientes, dictaminó que lo más adecuado sería modificar de fachada de Poniente, por ser la de más reciente construcción y no presentar problemas a la hora de dar a la puerta la altura necesaria.

El proyecto y las obras para la modificación de esta fachada se encargaron al Padre Escolapio de las Escuelas Pías de Getafe, Gabriel Escribano de San José de Calasanz, arquitecto. Las obras comenzaron en 1772, una vez que el Consejo dio su aprobación a la ejecución de las mismas, según consta en el auto emitido en julio de ese año.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Fachada Principal

Para la fachada se emplearon 17 piezas de piedra berroqueña que fueron adquiridas al cantero Clemente de la Calle, vecino de Galapagar; en el Cerro fueron labradas por Luis Vela Teja, vecino de Madrid. Para evitar que el polvo y los cascotes de la obra dañaran el interior de la ermita, que tenía sus retablos e imágenes en perfecto estado, se adquirieron cuatro rollos de estera de esparto para, con ellos, formar una especie de telón que separase el interior.
El revoco de la fachada lo realizaron los maestros pintores de Madrid, Tomas Solórzano y Francisco Suarez. Las puertas, provistas de un postigo en una de sus hojas, fueron construidas de limosnas por el carpintero de Getafe, Roque Pedraza. El coste de todo ello, incluyendo el ladrillo, la cal, los jornales, los rollos de esparto, la clavazón de las puertas, los transportes a lomos de caballerías, los efectos para sacar el agua del pozo, espuertas, madejas de tomizas y varias docenas de lías, más otros elementos de construcción, fue de 13.690 reales de vellón (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Nuevo Habitáculo para la Carroza

Con ocasión de la inspección del visitador eclesiástico realizada en 1777, éste aconseja la realización de una obra en la ermita, con el único propósito de buscar algo de protección a la carroza.

El mismo administrador, Blas Abad lo relata tal como se transcribe a continuación:

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Carroza en la Ermita

"Resultando de la visita personal que Su Merced ha hecho de la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, que el hermoso carro que se ha fabricado para sacar a dicha Santa Imagen se halla en la capilla del evangelio de la misma ermita ocupándola toda y sin cubierta que lo defienda de la inmundicia que causan las moscas y el manoseo de las gentes, como también que cómodamente cabe y puede custodiarse en la sacristía vieja de ella, mando de acuerdo con los señores Alcalde y Real Justicia de este lugar que el capellán administrador se valga de Arquitecto inteligente de la villa de Madrid, que a la mayor brevedad reconozca si de abrir el arco que cae a dicha sacristía y por donde ha de entrar el carro, se puede seguir algún detrimento a la fábrica material de la ermita y declarando que ninguno se sigue se ponga inmediatamente por la obra dicha abertura del arco y se coloque el carro en la expresada pieza, con una cubierta que lo defienda y con unas puertas celosías dadas de color en el hueco que se abra para que así no se inutilice la expresada capilla, quede libre y sin estorbos la ermita y no se aje ni maltrate una preciosa alhaja que ha costeado la liberalidad de los devotos, y en este caso se mudará el púlpito al lado del evangelio para que no impida la entrada en la mencionada sacristía, previniendo que aún en el caso de que no pueda colocarse en ella el carro, se ponga a este una decente cubierta".

Mientras tanto, el patrimonio artístico de la ermita sigue aumentando. En el inventario de 1792 constan siete pinturas del camarín de la Virgen. Aquí cabe puntualizar que, aunque sólo se tiene constancia de la presencia del maestro Vicente de Benavides para pintar la cúpula, también Juan Francisco Gascón, en su libro "Getafe", publicado en 1890, indica que "hay también unos frescos de Jordán, de indiscutible mérito".
En ese mismo inventario aparecen cuatro retablos en las esquinas de la media naranja, que costaron 2.880 reales y, en la nave central, el retablo del Santo Cristo de la Agonía, cuyo coste ascendió a 2.000 reales; se cita también un órgano nuevo, que ya no se conserva, instalado con motivo de la visita del maestro organero de la Villa de Madrid, Don Pedro Echevarría (José María Real, 2014).

De igual manera, las reformas y reparaciones en la ermita no cesan. Se tiene constancia de que, en 1793, durante la visita anual del oidor del Arzobispado se autoriza a unas obras de reforma de la ermita, consistentes en un repaso casi total de la cubierta de pizarra que realizó el maestro plomero y pizarrero, Antonio Tendilla, obras por las que se le abonaron 3.928 reales en 1794 (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Epidemias y Lazareto en la Ermita

Los primeros años del siglo XIX no parece que fueran demasiado venturosos. A la grave epidemia que, entre 1800 y 1804, asolaba nuestro país se une un periodo de hambruna ocasionado por las irregulares cosechas, lo que terminaría diezmando considerablemente la población.

El rey Carlos IV ordena habilitar hospitales en edificios civiles y eclesiásticos por todo el país, donde recluir a enfermos graves y para evitar contagios. En el caso de Madrid, y sus pueblos limítrofes, entre ellos Getafe, la epidemia fue tan cruda que hubo que habilitar lazaretos o refugios aislados, en edificios de las afueras; como es lógico, entre estos y por estar siempre extramuros de las ciudades, figuraban las ermitas. La del Cerro de los Ángeles se ocupa como lazareto, internándose allí algunos enfermos de Madrid y de Getafe.

Lazareto en el Cerro de los Ángeles

Acuarela de la Ermita convertida en Lazareto

Entre 1814 y 1817 una nueva epidemia, esta vez de peste, se extiende por todo el país y la población de Madrid y su provincia vuelve a verse diezmada. La ermita es convertida otra vez en lazareto, ahora para los apestados.

En ambos casos, la ermita hubo de ser restaurada y desinfectada a fondo. Se repararon los desperfectos y se encalaron los muros y paramentos, sistema de desinfección que se empleaba por entonces, y se reparó nuevamente toda la techumbre. A estas obras se destinaron los 748 reales que la Junta de Sanidad de Madrid entregó a la administración de la Virgen para compensar en parte los daños causados en la ermita.

Finalizando el siglo, en 1884, se declara oficialmente la existencia de cólera en algunos puntos de la provincia de Alicante; de nuevo, la ermita del Cerro de los Ángeles se convierte en lazareto para acoger a viajeros procedentes de esa zona y ser sometidos allí a cuarentena. En la revista "La Ilustración Española y Americana. Nº 33 y Nº34. Madrid. 8 y 15 de setiembre de 1884", se incluían sendas reseñas referidas a esta circunstancia, haciendo referencia expresa al Cerro de los Ángeles y su ermita.

 Pero no serían sólo estas ocasiones la únicas en que se pensó en el Cerro de los Ángeles como lugar idóneo para ubicar instalaciones sanitarias. José María Real Pingarrón, en su libro "Historia del Cerro de los Ángeles de Getafe. 2014", nos habla de que a principios del siglo XIX existió un proyecto para construir un lazareto-sanatorio en el Cerro de los Ángeles.

Según algunos datos obtenidos por este autor, tras la epidemia ya citada que, entre 1800 y 1804, había ocasionado en Madrid y su provincia una gran mortandad en su población, en 1805 se cernía una nueva amenaza desde Andalucía; es entonces cuando el Gobernador Municipal de Madrid se plantea levantar un enorme hospital para acogida, expurgo, observación y curación de enfermos contagiosos.

En ese mismo año, 1805, Don Juan de Villanueva, el mismo arquitecto que diseñó y dirigió las obras del Museo del Prado, destinado en un principio a Museo de Ciencias Naturales, recibe el encargo de la Junta de Sanidad de Madrid de hacer un proyecto para un lazareto-sanatorio de enfermedades contagiosas.
El día 21 de agosto de 1805, Villanueva firma la memoria y los tres planos del proyecto para el lazareto-sanatorio de curación para Madrid, que la Junta de Sanidad del Ayuntamiento había solicitado con fecha 6 de abril anterior.

El proyecto muestra un recinto hexagonal, que se encuentra rodeado de un foso, en lugar de muros elevados, que le podían restar aire al sanatorio y privarle de las vistas del paisaje.
Tiene un cuerpo de guardia, externo al recinto, pero paralelo al de su portería; en el centro hay un edificio destinado a la administración central y una amplia capilla, que se encuentran en contacto con los dos cuerpos del hospital por un pasadizo a cada lado. Los cuerpos del hospital están separados, uno para hombres y otro para mujeres; al fondo se levanta otro edificio, cuya finalidad sería albergar una hospedería y servicios como panadería, además de otros.
Se trata de un edificio serio, severo y escueto, con pocos elementos ornamentales, dentro de la más pura racionalidad.

Lazareto en el Cerro de los Ángeles

Lazareto-Santuario del Cerro de los Ángeles

Parece que el Ayuntamiento de Madrid no encontró acomodo para tal edificio en la capital y entonces se pensó en un lugar ventilado y de fácil acceso, cercano a la misma; finalmente, se tomó la decisión de construirlo en el Cerro de los Ángeles de Getafe, que ya había sido utilizado con ocasión de epidemias anteriores como lazareto, más concretamente en su ermita, en la que aguardaban cuarentena aquellos viajeros enfermos que acudían a la capital, desde Levante y Sur de España.

Sin embargo, el que sería el último proyecto de importancia de Villanueva para una obra suya de nueva planta no llegó a ejecutarse, ni en el Cerro de los Ángeles, ni en ningún otro lugar. Aunque no se conocen bien las razones exactas que pudieron motivar la renuncia al proyecto, se puede apuntar hacia algunos factores que pudieron influir sobremanera a ello: el primero, y quizás el más importante, es que las epidemias ya habían pasado; y en segundo lugar, la proximidad entre la fecha de desarrollo del proyecto, 1805, y la invasión francesa, en 1808, con la situación tan conflictiva y de desgobierno que ocasionó.

Lo cierto es que sólo se conserva el proyecto, junto con unos planos, como testimonio de una obra de Juan de Villanueva que nunca llegaría a realizarse.

La Guerra de la Independencia

Los efectos de la Guerra de la Independencia también hicieron mella en la ermita, como se deduce de la existencia de varios cargos anotados como consecuencia de las obras para su acondicionamiento. Hubo de restaurarse el tejado y las paredes, además de los retablos y utensilios que quedaron. En la documentación existente al respecto, se dice expresamente que todo esto se hizo para la "colocación de todos los objetos en ella y dejarla corriente para colocar en ella a esta Santa Imagen"; lo que hace suponer que la Virgen fue sacada de la ermita para eludir su saqueo o, simplemente para evitar males mayores. Todas estas obras alcanzaron la cifra de 5.000 reales, a los que hubo de hacer frente la Congregación.

Precisamente, en el inventario realizado por el también visitador eclesiástico, D. Sebastián Sobrino y Esquivel, el 23 de octubre de 1814, para aclarar los efectos causados por la Guerra de la Independencia en el patrimonio de la Virgen tras el saqueo a que fue sometida la ermita, entre los distintos capítulos se hacen varias referencias expresas a la misma, citándose de forma detallada los siguientes (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983):

  • Sacristía. Un retrato del venerable Fray Diego Ruiz Ortiz, religioso agustino natural de Getafe. Una cajonera de nogal nuevo con cuatro cajones y cerraduras y aldabones. Un armario con su cajón. Un espejo grande de vara enojerada con su adorno de la china.
  • Camarín. Siete pinturas iguales, de dos varas de alto y una vara y media de ancho cada una, que representan las historia de la Virgen y son de muy buena mano por el estilo de Jordán.
  • Iglesia. Altar mayor, se advierte un retablo de follaje y hojarasca, que por ser de tan mal gusto, merecía darse al fuego. (-Existe por esa época una verdadera animadversión por el arte barroco-). Menos malas son las estatuas de Santa Bárbara y Santa Marta, y otros son niños de talla de Jesús y San Juan, que están colocados a sus pies en el sagrario se advierte un Ecce Homo de talla, había un santo Cristo de marfil, que tiene sí de bueno lo que representa. En medio del retablo se colocó a María Santísima de los Ángeles, adornada con un gran trono, con varios ángeles de bronce, pendientes de él y de su arco, que uno y otro es de plata, con el corazón de hierro, con corona y sobre corona, la primera de plata sobre dorada y la segunda de plata. Igualmente se nota una mesa de altar a la italiana (-esta mesa es la que se encargó en 1777-) del mismo gusto que el retablo. Al pie de él, con su alfombra, al lado de la epístola, una mesa buena de escayola, con flores embutidas sobre pies, muy bien trabajados y dorados y, encima, un cuadro que representa la Asunción de Nuestra Señora, con marco negro y alguna talla dorada. Al frente está otra pintura que representa a Nuestra Señora sentada con el niño y encima dos Banderas, ofrecidas por el regimiento de África (-banderas que fueron entregadas por el General Pingarrón-). Dos colaterales iguales, con diferentes tallas doradas, en el del Evangelio, un cuadro grande de dos varas en cuadro, que representa la Anunciación de Nuestra Señora y en las gradas un San Antonio de Paula, de tres cuartos de alto.
    En el de la epístola un crucifijo, y en la grada un San Gregorio de talla de cinco cuartas de alto. En los cuatro postes, cuatro retablos, y en ellos, el Niño Jesús (-el "perdido" que se ha citado en varias ocasiones-), San Juan, San Crispín y San Cipriano, todos de tres cuartas de alto. En el crucero un cuadro de lo vivido en Egipto de cuatro varas de largo y tres de alto, marco negro y talla dorada. Otro de Nuestra Señora de la Soledad, de cinco cuartas de ancho y dos varas de alto. Otro del descendimiento, de dos varas y media de largo y vara y media de ancho.
    Dos espejos de vara y media de alto, con lunas de vara de alto y tres cuartas de ancho, de ébano y remates dorados. Una araña de cristal de seis mecheros, que está pendiente de la media naranja. Un púlpito de balaustre de hierro y sombrero dorado.
    En los laterales, dos frontales de damasco blanco y flores encarnadas y verdes. Cuatro escaños grandes de pino. En el cuerpo de la iglesia dos cuadros iguales de Jesús y María con marcos y adornos de talla dorada de tres cuartos de alto. Otro de tres cuartas de largo y una vara de ancho de Nuestra Señora y el Niño en sus brazos, con marco dorado y cristal. Otro de la Adoración de los Reyes de dos varas y media de alto y dos de ancho, con marco dorado. Otro del Bautismo de San Juan, con dos varas en cuadro. Otro de dos varas y media de ancho y dos de largo que representa la Gloria y el Purgatorio, de marco de talla dorada.
    Un escaño de pino. Una escalera vieja y mala, de doce o catorce peldaños. Dos bancos lisos de dos varas de largo.
  • Pieza donde está el Carro. Un arca de pino de dos varas de largo y tres cuartos de ancho. Otra pequeña para guardar cera. Un armario o alacena de una vara de alto y tres cuartos de ancho para guardar ramos. Una manga para las procesiones de tapiz de Francia con franjas de plata falsa. Dieciocho candeleros de bronce que están en la parroquia y seis grandes de hoja de lata. Dos docenas de ramos de hojalata. Dos arañas de plata con tres mecheros. Dos postigos.
  • Sala Baja. Un cuadro con un "Ecce Homo" de dos varas de largo por una y media de ancho, el marco dorado. Otros dos iguales de San Antonio Abad y Santa Teresa, con marcos dorados, de una vara de largo y tres cuartos de ancho. Otro de Nuestra Señora con el Niño en los brazos, de dos varas y media de ancho y media de ancho con marco negro. Otro de San Jerónimo de dos varas y media de largo y dos de ancho, marco negro. Dos floreros iguales de vara y media y una de alto, con marcos azules y dorados. Una alacena de madera. Dos mesas de pino de dos varas de largo y tres cuartos de ancho. Dos escaños.
  • Sala Alta. Un cuadro de la cara de Dios, de una vara de largo y tres cuartos de ancho, marco negro y dorado. Otro de Jesucristo y San Bernardo, de tres cuartas de alto y media de ancho. Otro de Jesucristo crucificado de tres cuartas de alto y media vara de ancho. Otro de la Concepción de vara y media de largo y una de ancho, marco negro. Otro de Nuestro Señor en la Cruz, abrazando a San Francisco, de vara y media de largo y una de ancho. Un Niño Jesús con los atributos de la pasión. Dos mesas de pino de dos varas y media de largo y tres cuartas de ancho. Dos escaños de lo mismo.
  • Coro Alto. Un realejo u órgano.
  • Cocina. Dos chocolateras, una de cobre y otra de hojalata, una sartén, una cucharilla de hierro, una espumadera, dos docenas de platos, , dos fuentes de barro, once ollas de diferentes tamaños, tres cazuelas grandes, unos fuelles, unas parrillas, unos trébedes, un tajo, un delantal, una tinaja para agua, dos mesas medianas, una tinaja grande para agua.
  • Torre. Hay dos campanas buenas, que se trajeron de las guerras de Italia y un cimbalillo para tocar a misa.

A partir de ahí, la actividad religiosa y de culto de la ermita sigue su curso normal. Evidentemente, el paso de los años va a seguir requiriendo obras de reforma y restauración para mantener el edificio con sus características.
En 1830 se rompe el cimbalillo, recolocado en la nueva torre, que el Obispo de Troya había bendecido en 1618. Según se conoce, su bronce era de buena calidad y fue refundido para hacer la nueva.

Estación de Telégrafo Óptico "LOS ÁNGELES"

El telégrafo óptico se pone en servicio en España en 1848. Para ello, se construyeron más de 350 torres, aparte de las situadas en edificios civiles o religiosos.

Gracias al trabajo de José María Real Pingarrón, publicado en 2014, hemos podido conocer que la estación telegráfica de Getafe, que recibió el nombre de "Los Ángeles", por estar situada en el Cerro de los Ángeles, disponía de dos torres telegráficas.

Estación de Telégrafo Óptico "Los Ángeles"

Torre de la Ermita con el Telégrafo Óptico

La primera, que daba servicio al palacio Real de Aranjuez, se instaló en la torre de la ermita. Para ello se desmontó todo el chapitel y se guardaron todas sus piezas (estructura, bolas, veleta, agujas, tejado de pizarra, etc.etc.) en un almacén de la propia ermita. La torre es desmochada por encima de las campanas, para dejar un tejado plano donde poder montar el artilugio metálico, con sus 10 cristales y sus 10 posiciones, capaz de transmitir señales ópticas luminosas a once leguas.
La segunda estación se instaló en una nueva torre construida ex profeso, enfrente de la Ermita de la Virgen, con la tipología de la época.

En 1857, la línea de telegrafía óptica, tras una efímera vida, fue cerrada definitivamente. La torre situada en el campanario de la Ermita fue desmontada y vuelto a ser colocado su chapitel con todos sus componentes, tal y como estuvo desde su construcción en 1748. La segunda torre fue también deshabilitada, quitando los mecanismos correspondientes.

Nuevas Campanas en la Ermita

En el inventario que realiza el visitador eclesiástico, D. Sebastián Sobrino y Esquivel, el 23 de octubre de 1814, citado anteriormente, sobre las campanas de la ermita se dice: "Torre. Hay dos campanas buenas, que se trajeron de las guerras de Italia…". Se hace clara referencia a las donadas por el General Pingarrón; por lo que se puede constatar que, en ese año, las campanas estaban en la Ermita.

Sin embargo, recientes comprobaciones en la propia ermita revelan que las dos campanas mayores datan de 1885; por tanto, ninguna de las dos actuales tiene nada que ver con aquellas donadas en su momento por Don Juan Pingarrón (José María Real, 2014).
No se ha podido averiguar qué fue de aquellas campanas originales. Una posibilidad es que el bronce de las mismas se utilizase para construir las dos actuales; pero también puede ser que debido a alguno de los conflictos de la época, como las Guerras Carlistas, o durante la Desamortización de Mendizábal, o tal vez como consecuencia de algún desastre natural o por abandono, desapareciesen o quedasen tan maltrechas y dañadas, que no hubo más solución que sustituirlas por otras nuevas.

En la actualidad, en el campanario de la ermita hay dos campanas mayores ya citadas, con una altura de algo más de un metro, y una campana más pequeña, de medio metro de altura aproximadamente. Además, En el campanario de la ermita hay un hueco, el que da a Madrid, que según parece, nunca tuvo campana o por lo menos no hay indicios de que la hubiera.

La primera de esas campanas mayores, la que está en el hueco que da al Sur, conocida con el nombre de "REGINA ANGELORUM" fue fundida en Ocaña, en 1885, como ya se ha indicado.
En su parte superior, entre varios resaltes tiene una leyenda en relieve que dice: "REGINA ANGELORUM ORA PRO NOBIS".
En el centro, dando a la parte exterior del campanario, hay grabada una leyenda que dice: "SE FUNDIÓ ESTA CAMPANA. SIENDO ALCALDE FELIX SERRANO VARA Y CURA DE LA POBLACIÓN JOSE NUEVO PALERO. ABONANDO SU COSTE LA CONGREGACIÓN DE NUESTRA SEÑORA. SIENDO TESORERO MANUEL PEREIRA. EN OCAÑA 1885". En la parte que da al interior de campanario tiene grabada una gran cruz profusamente adornada.

La segunda de las campanas mayores, instalada en el hueco que da a Poniente, no tiene nombre conocido aunque algunos la dan el de "SAGRADO CORAZÓN", fue fundida en Guadalajara, en 1885, como la anterior.
En la parte superior, dando al interior del campanario, sobre una filigrana de adorno, hay grabada una leyenda que dice: "SAGRADO (CORAZÓN)"; esta última palabra ciertamente ilegible por estar en una zona poco accesible a simple vista.
En la parte inferior, con unos adornos bastante barrocos, una leyenda dice: "SE FUNDIO EN UADALJARA (GUADALAJARA) A EXPENSAS DE LA COFRADIA. SIENDO ALCALDE D. CALISTO BENAVENTE. CURA RECTOR D. JOSE NUEVO PALERO. TESORERO D. MANUEL PEREIRA. SECRETATIO DE LA HERMANDAD D. MIGUEL AGUDO Y DEL AYUNTAMIENTO D. MIGUEL GONZALEZ. AÑO 1885".

Hay una tercera campana, más pequeña, instalada en el hueco da al tejado de la ermita, de nombre "MARÍA", que sustituye a la anterior refundida de la primera campana que hubo en la primitiva espadaña.
En la parte que da al exterior del campanario, en el centro, tiene grabado un anagrama del "AVE MARIA".
En la parte que da al interior del campanario, en el centro, tiene grabada una imagen de la Virgen de los Ángeles; y, por encima de ésta se puede leer: "AÑO SANTO MARIANO 2010-2011. NTRA. SRA. DE LOS ANGELES"; por debajo de la imagen grabada, la leyenda: "PADRE SANTO BENEDICTO XVI. PP. OBISPO JOAQUIN MARIA. COMISARIO JOSE LUIS".
En un lateral está escrito: "RIVERA ME FECIT". Fue fabricada por campanas Rivera y bendecida el 2 de agosto de 2011, con motivo de la celebración del Año Mariano Diocesano 2010-2011.

En la actualidad, todas las campana han sido modificadas para dotarlas de movimiento con motorización eléctrica.

La Ermita Actual

Como hemos podido comprobar, la ermita ha sido objeto de numerosas reformas y ampliaciones a los largo de los años, para lo que ha contado siempre con las donaciones de los getafenses y devotos de otras poblaciones que hacían en señal de agradecimiento a la Virgen por los favores recibidos.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Ermita Actual

De esa forma se va convirtiendo en un precioso santuario destacando en lo alto del Cerro de los Ángeles, que definitivamente había adoptado el nombre de su Virgen.

En 1876, Don Gregorio Eguileta, cura párroco de Getafe, en su respuesta al interrogatorio del cardenal Lorenzana, indica que "fuera del pueblo, y a pocos estados de distancia , están, a más de la ermita de San Sebastián de la Concepción, a Poniente; de la Soledad al Mediodía y camino de Toledo; San Roque y Santa Quiteria, cercanas una de otra, con inclinación a la derecha de Oriente; y a este fixo, sobre un cerro, más allá del camino real nuevo y a algo más de media legua, el santuario de Nuestra Señora de los Ángeles, venerada de todo el entorno, visitado con mucha frecuencia y número de Madrid. Su fábrica es exquisita, de orden compuesto, con oficinas para capellán y hospedaje".

Como indica Mª Pilar Corella en su libro "Arquitectura Religiosa de los Siglos XVII y XVIII en la Provincia de Madrid, Estudio y Documentación del Partido Judicial de Getafe (1979)": "Efectivamente, el edificio de la ermita es exquisito y primoroso, por el aparejo para nosotros en primer lugar, por no tener ninguna construcción adosada que le afee y por el paraje donde está situado, que permite su total contemplación con el máximo de posibilidades".

En esta publicación, la autora hace un análisis muy completo, detallado y preciso de la ermita en cuanto a su concepción arquitectónica y valor artístico y, a la vez, presenta una propuesta relativa a posible identidad del arquitecto-tracista o maestro de obras. Por su interés, hemos considerado oportuno reproducirlo aquí:

"Por las características interiores que presenta, es la planta y alzado típica de una iglesia barroca madrileña del último tercio del siglo XVII. Está ricamente decorada, dorada y policromada en su interior, con ese gusto propio de la arquitectura con interiores lujosos de hacia los últimos años del siglo. Su retablo es sencillo, menos destacable en relación con la fábrica, un poco posterior cronológicamente al templo y alberga todo el año a la Virgen de los Ángeles. Un solo cuerpo y el remate o espina semicircular, cuatro columnas salomónicas en parejas de dos y un entablamento quebrado. En su centro la Virgen de los Ángeles y en la espina lienzo de la Crucifixión. Está sin documentar, ya que dijimos que el libro de fábrica del siglo XVII de la iglesia de la Magdalena no existe, y este santuario ha pertenecido y pertenece a la parroquia de la Magdalena.
Su fachada principal está reformada, incrustándose en el lado oeste una puerta neoclásica moderna. Su planta es de cruz latina, con crucero saliente y marcado, y aunque éste no aparezca por el pórtico anejo en la del lado sur y otras construcciones en el lado norte. El ábside es rectangular. La cubierta es de medio cañón con lunetos ciegos en el ábside, gran cúpula semicircular sobre pechinas y tambor octogonal, esbeltísima, en el crucero, y los brazos del crucero también cubiertos con bóvedas de medio cañón con lunetos para ventanas.
La nave central y única está cubierta asimismo con bóveda de medio cañón y lunetos ciegos (cinco tramos, de los cuales el más oriental es el de la tribuna), Su decoración interior aplicada al intradós de la cúpula sobre el crucero, así como el estilo de las pilastras es muy semejante al de las Góngoras de Madrid, aunque menos abundante en su decoración.
En el lado sur tiene adosado un pórtico con triple arcada de acceso directamente a la nave central. La torre está situada en el lado SO., de aparejo toledano (ladrillo y mampostería), cubierta con chapitel barroco. Todo el aparejo es de un ladrillo exquisito, por su terminación, sobre todo en el exterior del tambor de la cúpula sobre el crucero y en el último cuerpo de la torre que tiene unas aplicaciones finísimas de ladrillo.
Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Interior de la Ermita

Su interior es amplio y claramente iluminado por la gran cúpula y linterna; el ser iglesia de una sola nave, un amplio crucero con cúpula, ábside rectangular, la hace aún más parecida a la iglesia de las Góngoras de Madrid, aunque menos profusa en la decoración que ésta, como corresponde a un encargo más modesto, seguramente de la Hermandad o Cofradía de la Virgen de los Ángeles, pero que debido a la falta de documentos no sabemos todavía quién la trazó y ejecutó. Su situación, alejada de la población, es característico de un modelo de iglesia exenta de otras edificaciones.
Volviendo a su semejanza con la iglesia de las Góngoras de Madrid, veamos los puntos comunes:
  • Ambas son iglesias de una sola nave, centradas y dominadas por la gran cúpula que se eleva sobre el alto tambor, decorado en su intradós (más decorado en las Góngoras que en la ermita); el tambor en ambos casos está sin ventanas al exterior. La linterna también está decorada en el interior, pero más aún en las Góngoras.
  • Las pilastras cajeadas en ambos casos, muy sencillas en la ermita, llevan un capitel muy simple, de una sola hilera de hojas, y es quizá lo que más se aparta en la decoración al capitel del hermano Bautista de las Góngoras. De las parejas de mútilos que se hallan por debajo del entablamento que sostienen los lunetos, cuelgan hojas, roleos decorados. El intradós de la cúpula, también con mútilos y con el mismo tipo de decoración, aunque menos exuberante. Los pilares achaflanados que sostienen la cúpula se quiebran en. ambos casos de la misma manera. Los entrepaños de la cúpula que en el intradós son salientes resaltan pareados en ambos casos y de la misma manera.
Por todo esto hemos concluido en pensar que:
  • Puede tratarse del mismo arquitecto-tracista o maestro de obras en ambos casos, lo cual, a su vez, nos induce a pensar que siendo las Góngoras más completa y rica en decoración sería posterior; o lo contrario, que siendo la ermita un encargo más modesto, podría ser posterior a las Góngoras.
  • Que se trata de un arquitecto-tracista o maestro de obras distinto, que se inspira fuertemente en las Góngoras de Madrid, por indicación del encargo o por propia iniciativa.
    La iglesia de las Góngoras, Mercedarias Descalzas, fue construida entre 1663 y 1675, con trazas de Fray Manuel de Villarreal y Manuel del Olmo, según la construcción de Juan Barbero".

No parece que a finales del XIX hubiese ningún acontecimiento importante digno de resaltar. Algunos artistas de la época siguen haciendo litografías y dibujos con el tema central de la Virgen de los Ángeles.

Procesión de Ntra. Sra. de los Ángeles

Procesión de

Ntra. Sra. de los Ángeles

Un ejemplo de ello es un cuadro, titulado "Procesión de Nuestra Señora de los Ángeles al Pueblo de Getafe", cuyo autor es el pintor bilbilitano Juan García Martínez, que presentó en la Exposición General de Bellas Artes del año 1881, figurando en los salones del pabellón de Indo.
En la revista "La Ilustración Española y Americana. Nº 32. Madrid. 30 de agosto de 1881", junto con la imagen del cuadro se incluía la siguiente reseña referida al cuadro:

" …es original de D. Juan García Martínez, pintor aragonés, y representa una piadosa costumbre que existe en la cercana villa de Getafe: a unos tres kilómetros de la población, hacia el Oriente, se levanta el famoso cerro de los Ángeles, en cuya cumbre hay una ermita, donde se venera la imagen que ha dado nombre a aquella altura; y todos los años, en la Pascua de Pentecostés, y para celebrar la función que el pueblo dedica desde tiempo inmemorial, es transportada la imagen a la iglesia parroquial en una linda carroza, a la que acompañan con velas encendidas los hermanos de la Congregación, secciones de música, grupos de mujeres y devotos, que cumplen alguna piadosa promesa.
En el cuadro está bien representada la religiosa costumbre del pueblo de Getafe, a que se refiere la composición".

De esta forma, poco a poco, vamos llegando al nuevo siglo XX. Se tienen noticias de que en el periodo comprendido entre 1909 y 1912, el Ayuntamiento de Getafe asume el arreglo del campanario de la ermita, pues una de las campanas corría peligro de estabilidad.

Reconstrucción de la Ermita

Durante la Guerra Civil Española la ermita sufrió importantes daños como consecuencia de las luchas acaecidas en el Cerro de los Ángeles y los intensos bombardeos a que fue sometido.

La ermita tuvo que ser reconstruida y restaurada. La restauración, realizada entre 1940 y 1945, fue dirigida por el arquitecto Rodolfo García-Pablos González-Quijano, y en ella intervino también el escultor Juan García Talens. Tras la finalización de las obras la ermita volvió a lucir su esplendor habitual, que es el que podemos con mínimos retoques ver actualmente.
Dos placas situadas en el pórtico de la ermita dejan constancia de esta restauración. En la primera de ellas puede leerse: "RODOLFO GARCÍA DE PABLOS. ARQUITECTO, 1945"; en la segunda de ellas dice: "ESTA ERMITA DE Nª. Sª. DE LOS ANGELES FUE RECONSTRUIDA Y REFORMADA POR ORDEN DEL EXCMO Y REVMO SR. D-- D. LEOPOLDO EIJO Y GARAY-OBISPO DE MADRID-ALCALA SIENDO DIRECTOR DE LA OBRA NACIONAL DEL CERRO DE LOS ANGELES. D. EMILIANO ANIBARRO.-MADRID MAYO 1945-"

En 1998 se colocó un gran órgano de Federico Acitores, de la empresa palentina Acitores Organería y Arte, S.L. Se trata de un órgano de dos teclados con 56 notas y un pedal con 30 notas, con 23 registros y 1.178 tubos (Carlos Javier Vergara, 2019).

A la muerte del primer obispo de Getafe, Don Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, en febrero del 2004, se le da sepultura en la nave central de la ermita, situándolo delante del presbiterio.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Pórtico Lateral de la Ermita

En ese mismo año 2004 se realizan obras para reacondicionar y decorar el habitáculo en el que se encuentra la carroza de la Virgen. Se instala también un ascensor para subir y bajar la Sagrada Imagen de su camarín. En el 2005, se rehace toda la decoración e instalaciones del mismo.

En el 2011 se llevan a cabo obras para el acondicionamiento del la pórtico lateral de la ermita, instalándose un cerramiento acristalado en toda la arcada.

La Puerta Santa

Quizás la última de las obras importantes en la ermita es la que se lleva a cabo en el 2010, para la celebración del Año Jubilar Mariano en la Diócesis de Getafe, dedicado a Santa María Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, con motivo del IV Centenario de la Sagrada Imagen.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles

Fachada Principal con la Puerta Santa

Se modifica la puerta existente en la entrada principal, en la fachada de Poniente, instalándose una "Puerta Santa", de bronce y acero inoxidable, conservando intacta la portada con su arco de medio punto.
Tanto el dintel como el tímpano están divididos en dos mitades iguales que acompañan a cada hoja de la puerta. La "Puerta Santa", propiamente dicha, está integrada en la hoja derecha, pudiéndose abrir de manera independiente a ésta, lo que se realizará solamente durante la celebración de los Años Jubilares, permaneciendo clausurada el resto del tiempo.

La puerta incorpora una profusa y rica decoración, en la que se distinguen cuatro zonas principales: el tímpano, la hoja izquierda, la hoja derecha y el parteluz.
El elemento principal del tímpano es un anagrama de la Virgen María, a cuya izquierda está el escudo papal de Benedicto XVI, que concede el Año Jubilar, y a su derecha, el escudo episcopal de D. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, Obispo de Getafe, que hace la solicitud.
Bajo los dos escudos sendas cintas con las inscripciones "IV CENTENARIO" y "DICIEMBRE 2010". Por último unos querubines sujetan una cinta con la leyenda: "REGINA ANGELORUM ORA PRO NOBIS".

Puerta Santa de la Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles

Puerta Santa

En la hoja izquierda se representa la vida de la Virgen María. Cada cuarterón lleva un bajorrelieve con escenas tales como: la Anunciación, el Nacimiento de Jesús, la visita a Santa Isabel, y la Pasión de Cristo.
En los peinazos hay insertados tres medallones con una alegoría al Sagrado Corazón de Jesús, el escudo de la Congregación y el escudo del Obispado.

En la hoja derecha una completa representación de Nuestra Señora de los Ángeles. El cuarterón superior reproduce un grabado antiguo en el que aparecen los dos lugares más significativos para la Imagen, la Ermita y la Catedral de Getafe y la Imagen en su carro triunfal tirado por angelitos.
El segundo cuarterón reproduce el Monumento de la Salve, con el que se representa simbólicamente el ascenso de la Virgen al Cielo durante las Fiestas Patronales.
El tercer cuarterón representa la Coronación Pontificia de la Virgen de los Ángeles.
Y el cuarterón inferior representa las solemnes procesiones de la Virgen por las calles de Getafe, con sus fieles iluminando su camino con hachones.
Los peinazos llevan también insertados tres medallones que, en este caso, representan a Santa Maravillas de Jesús, a la Beata Mª Ángeles de San José y al pueblo de Getafe por medio del escudo de la ciudad.

En el parteluz aparecen los cuatro evangelistas junto con la figura simbólica con la que suelen ser representados alegóricamente cada uno de ellos.

El trabajo artístico de la puerta se completa con la instalación de una paloma de bronce sobre la piedra clave del arco y descendiendo sobre la puerta; alegoría de la bajada del Espíritu Santo sobre los peregrinos que crucen dicha puerta.

La puerta fue construida en la fundición Eduardo CAPA S.A., de Arganda del Rey, Madrid. El diseño y modelado de cada uno de los relieves y de la puerta en su totalidad fueron realizados por los escultores José Martín Calderón y Francisco Javier Martín Gómez.
El 7 de diciembre de 2010, fue bendecida por el Obispo de Getafe, D. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, y clausurada el 8 de diciembre del 2011; lo que supuso, respectivamente, la apertura y cierre oficiales del Año Jubilar.

Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles