Elementos Procesionales

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

Durante los siglo XVII y XVIII, desde su entrega y estancia inicial en la capilla de la casa de El Paular y, posteriormente, tras el traslado de la imagen a su ermita en el Cerro, la devoción por la Virgen de los Ángeles fue creciendo no sólo en Getafe, sino también entre los gentes de las poblaciones vecinas. La imagen de Nuestra Señora de los Ángeles se convirtió en remedio para sequías, plagas y epidemias, siendo costumbre sacarla en rogativas para obtener su intercesión y favores.

Por aquellos tiempos, cuando se hacía la rogativa se sacaba la imagen en las tradicionales andas. En 1722, el administrador de la Hermandad, don Diego de Benavente, presbítero de Getafe, ante la visita del enviado eclesiástico del Arzobispo de Toledo, don José Pérez de Lara, declara "cómo ha intervenido, incluso, en el arreglo de las andas de la Virgen", lo que demuestra que aquellas fueron utilizadas con bastante frecuencia en los traslados de la ermita a la parroquia. De entonces se conocen también las primeras subastas para llevar las andas y las varas del palio que se empleaban (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Según las mismas fuentes, en 1741, debido al gran esfuerzo a que se sometían las andas en los traslados desde el Cerro a Getafe, hubo la necesidad de encargar, con la máxima urgencia, otro aparato de este tipo para poder llevar a la imagen con la dignidad acostumbrada.

Pasados los años, en 1771, se propone dejar las andas y en su lugar construir una carroza, o "carro triunfal", con el fin de dar más majestuosidad a la imagen y, a la vez, reducir el esfuerzo y ganar en comodidad en los traslados de la Virgen. En esta propuesta tomó parte, como era de costumbre, la Corporación Municipal que por entonces estaba representada por Bernabé Dávila como Gobernador Síndico General, actuando por sí y a "nombre de su común y vecinos" (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Pero la carroza que se proponía presentaba ciertos inconvenientes ya que, al colocarse la imagen de la Virgen sobre ella, la altura hacía inviable su salida por cualquiera de las puertas existentes en la ermita. Había que buscar una solución y se encontró, como la más conveniente, reformar la puerta principal que está en la fachada de poniente, por reunir las condiciones idóneas para lograr las dimensiones necesarias, al ser la fachada de más reciente construcción y no tener obstáculos en su altura. Las obras, que comenzaron en 1772, se encargaron al escolapio Gabriel Escribano de San José de Calasanz, arquitecto.

Los preparativos del "carro triunfal" que se pensaba encargar, motivaron alguna otra obra de restauración, como las que hubo que realizar a la propia imagen de Nuestra Señora y a su túnica, obras de cuya ejecución se encargó el dorador Ramón Melero, vecino de la villa de Madrid. Al tiempo se pensó también hacer litografías con la imagen en la carroza, de la que al parecer ya existía un boceto, y para ello se trajo a Getafe a otro escolapio, el padre Andrés. El clérigo realizó varios apuntes de la imagen que posteriormente acoplaría a los bocetos del carro, grabando varias piedras, entre las que se elegiría la mejor. El trabajo del escolapio se valoró en 410 reales y 25 maravedís en los que se incluían los desplazamientos efectuados (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Para construir la carroza se contacta con Juan Maurat, maestro tallista y dorador de Madrid, que goza de una gran experiencia demostrada en obras de esta importancia, quien presenta una amplia propuesta con dibujos y planos. Satisfechos con lo aportado por Maurat, el 30 de marzo de 1773, se firma el contrato por el que el artista se compromete a la realización del encargo por la cantidad de 27.000 reales a pagar según unas condiciones y plazos establecidos en el mismo. Este contrato se firmó ante el escribano D. Diego Gutiérrez y Pingarrón y el presbítero D. Blas Abad, que era el colector de las rentas y limosnas de la Virgen.

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

La silueta de la carroza se asemeja a un elegante búcaro que, por su formas y la abundancia de elementos decorativos dorados, se podría situar en el estilo rococó.

La carroza es de madera dorada, con ángeles en relieve de madera policromada, ya sean de cuerpo entero los situados en el pedestal del carro, donde se coloca la Virgen, o cabezas de serafines que aparecen en las partes delanteras y laterales del carro y en la parte de atrás creando un círculo de rayos dorados, "vestida de sol", encerrando el anagrama AM, "Ave María". Completan el conjunto las esculturas de la Fe y de ocho ángeles, también realizados en madera policromada.

Como indica Carlos Javier Vergara en su trabajo "El Carro Triunfal de Ntra. Sra. de los Ángeles. Getafe. 1999", la carroza está decorada con un profundo sentido bíblico, dando como resultado un completo y bellísimo tratado de simbología que ensalza la pureza y virginidad de María; todo ello inspirado en el Cantar de los Cantares y el Eclesiástico, del Antiguo Testamento, y el Apocalipsis del Nuevo Testamento, que crean símbolos referidos a la Inmaculada. Muchos de ellos están recogidos de forma sintética en la Letanía Lauretana.
Por su enorme interés, resumimos aquí la parte de ese estudio referida a la simbología de la carroza, que el mismo autor publicó en la revista "ÁNGELUS. 2004".

El oro usado en la carroza simboliza la realeza, en las letanías María es reina y "Casa de Oro"; Ella albergó a Cristo, el oro, y se convirtió en su sagrario.

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

-Frontal y Trasera-

Su propia forma de búcaro, de nave alargada y alta cuya proa es apuntada, simboliza la nave celestial que transporta algo de valor en lo religioso. Es conducida por la escultura de la Fe, representada por una mujer con los ojos vendados y portando en una mano el cáliz con la sagrada forma y en la otra la cruz, símbolos eucarísticos que representan la fe y creencia en Cristo. Bajo esta imagen se encuentra el águila, probablemente símbolo de Juan, autor del Apocalipsis y del evangelio más contemplativo, ascético y teológico; colocado en ese lugar indica que el fiel, para salvarse, necesita llegar a Cristo que está en el ámbito celestial. Bajo el águila, una rama de laurel representando a María; el laurel como símbolo de eternidad y castidad permanece siempre verde, sus hojas no se deterioran nunca y su olor es agradable.

Alrededor de todo el carro hay representado todo un paisaje con símbolos y alusiones a la Virgen, conformando la Virgen "Tota pulchra" del Cantar de los Cantares.

En los laterales, en la parte delantera sobre la cabeza del angelito, una nube de incienso "como nube de incienso en el tabernáculo" (Eclesiástico) y "como un vapor de mirra e incienso y de todos los perfumes exquisitos" (Cantar de los Cantares); María se ofrece como inicio de la salvación, Ella es el incienso que llega a Dios. En la parte trasera dos torres, una con forma de campanario y la otra con almena; en las letanías María es "Torre de Marfil" y "Torre de David". También vemos un puente o muro con arquería; María representa los muros del templo y el interior de Cristo, "Si, muro soy, y torres son mis pechos" (Cantar de los Cantares).

En las puertas laterales, el sol y la luna como representación del Cielo; María es "Puerta del Cielo" y, como los astros, es hermosa y resplandeciente; "pulchra ut luna" y "electa ut sol" (Cantar de los Cantares).

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

-Simbología-

En la parte superior trasera se encuentra el anagrama de María rodeado de nubes y ángeles, simbolizando que María está en el Cielo. Debajo, en el centro de la composición, la fuente, Cristo es agua y María el recipiente, "Eres fuente de jardín, pozo de aguas vivas, que fluyen del Líbano" (Cantar de los Cantares); a la izquierda, la torre simboliza la fortaleza de María; a la derecha, la palmera significa esbeltez, fortaleza y vida, "Esbelto es tu talle como la palmera y son tus senos los racimos" (Cantar de los Cantares), y también "Crecí como palma de Engadí" (Eclesiástico).

En la parte inferior, en tres celdas cuadradas, unos bajorrelieves que contienen: En la izquierda un rosal, "Crecí como rosal de Jericó" (Eclesiástico), María en las letanías es la "Rosa Mística", la flor más bella y con espinas que son su sufrimiento; en el centro el pozo, María es recipiente que alberga el agua de la vida "Eres fuente de jardín, pozo de aguas vivas, que fluyen del Líbano" (Cantar de los Cantares); a la derecha azucenas, el blanco de las azucenas es símbolo de la pureza de María, y se representa casi siempre en la Anunciación de la Virgen; o también pueden ser lirios "como lirio entre los cardos es mi amada entre las doncellas" (Cantar de los Cantares).

Bajada de la Virgen a Getafe

Bajada de la Virgen a Getafe

El "carro triunfal" se estrenó en la fiesta de 1775, que por esas fechas ya se celebraba en la Pascua de Pentecostés.
La fiesta de ese año se organizó con un coste más elevado por lo extraordinario de aquel año. La iglesia de la Magdalena fue adornada con 278 tapices que fueron traídos de Madrid. De estos 174 fueron de un tamaño extraordinario, costando su alquiler 3 reales, cifra superior en un 50 por 100 al resto. Vinieron gaiteros, tamboril y varias danzas que acompañaron a la Virgen en su paseo triunfal hacia la parroquia, escoltada por un inmenso gentío deseoso de contemplar la maravilla de la que tanto se había hablado. La entrada en la Magdalena, engalanada y ardiente de luces fue apoteósica. Los gaiteros, dos hermanos de nombres Juan Antonio y Francisco Javier Rodríguez, que eran profesionales, cobraron 538 reales (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

La carroza en sus primeros años hubo de ser retocada en numerosas ocasiones, realizándose mejoras hasta finales del siglo XVIII.

Conocemos que el "carro triunfal" de Nuestra Señora de los Ángeles tuvo bastantes problemas en los días de su estreno. Ya antes del mismo, cuando la carroza fue trasladada al Cerro, durante la revisión efectuada por el "maestro de coches", se vio la necesidad de agregar una nueva ballesta al sistema de rodadura, sin el cual dicho "inspector" no daba el visto bueno para su uso. Hubo que buscar un herrero de Getafe que adaptara una cinta de muelle de las características solicitadas, ocasionándole a la Congregación un gasto extra de 287 reales por las reparaciones de urgencia efectuadas y los cargos asociados (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

En 1777, el propio Juan Maurat recibió "otros trescientos reales en recompensa de algunas mejoras que hizo en dicho carro según convenio y transacción", según se indica en el correspondiente documento de cuentas presentado en la visita eclesiástica realizada ese año.

En la cuenta que se toma a Don Andrés Avelino Vergara, en la visita de 1790, aparece el gasto de la "Compostura del camino del Cerro. It {-em} quarenta y cinco reales pagados un peón que trabajó nueve días en abrir el camino del Cerro para que pudiese pasar el carro de la Virgen", debido a que no parece que estuviera diseñado para "pasear" por los caminos y veredas sino, más bien, para procesionar por las calles de Getafe.

Pero, quizás, el problema más importante que parecía tener la carroza es que cada vez que entraba y salía de la iglesia de Santa María Magdalena, rompía las baldosas del suelo, probablemente porque cada rueda iba forrada de una cinta metálica. De aquí que, en 1792, en las recomendaciones que el visitador eclesiástico, Licenciado Lorenzo García de Saravia, hace al mayordomo de Fábrica de Santa María Magdalena, le insta a cobrar al colector de las rentas y limosnas de la Virgen de los Ángeles la cantidad anual de 300 reales de vellón por la rotura de baldosas y por el uso de ornamentos de la iglesia en sus funciones: "Situado de Nuestra Señora de los Ángeles. Teniendo presente el destrozo de baldosas que ocasionan las ruedas del Carro de Nuestra Señora de los Ángeles en la que quatro veces que anualmente entra y sale en la Iglesia con esta Soberana Imagen en el tiempo de sus funciones, además de otros días en que lo pide la necesidad pública, sin que se pague situado alguno por sus rentas a la parroquia así por esta causa, como por los ornamentos ricos parroquiales que sirven en dichas funciones, dijo su merced, que el Mayordomo de Fábrica cobre y perciba del colector de las rentas y limosnas de dicha Santa Imagen la cantidad de trescientos reales de vellón en cada un años, que entre dicha Imagen el Carro Triunfal por situado que desde luego señala a favor de esta Iglesia, entendiéndose desde principio del presente, sin perjuicio de la repetición por los anteriores".
Parece ser que este problema con las ruedas se intentó solucionar rápidamente porque, en la cuenta que se toma a Don Andrés Avelino de Vergara, de 18 de noviembre de 1794, aparece el gasto: "calzos. It´{-em} trescientos y veinte reales que ha costado la suela comprada para calzos de las ruedas del carro de esta Santa Imagen", con lo que se entiende que al tener las ruedas forradas con suela ya no se romperían las baldosas de la iglesia.

En 1793, la carroza ya no pudo mantenerse sobre sus ruedas y, a toda prisa, hubo que encargarse al maestro tallista, Lorenzo Nieto, la construcción de unas andas para volver al sistema original de los traslados; en la misma cuenta de 1794 citada anteriormente, previo al gasto de la suela de los calzos de las ruedas del carro aparece el gasto de unas nuevas "andas. It{-em}ochocientos y cincuenta reales que han importado unas andas que se han hecho nuevas para esta Santa Imagen, consta de recibo de Lorenzo Nieto, maestro tallista de Madrid", andas que podrían servir para el traslado de la Virgen a Getafe, mientras se estaban colocando a la carroza los nuevos calzos y alguna otra reforma, o bien para el traslado de la Imagen desde el camarín hasta la propia carroza.

Entre tanto se sometió a la carroza a una profunda reforma en su estructura, en sus ejes originales y en su interior. Los artesanos encargados de estas modificaciones fueron: José Vara y Gabriel Muñoz, carpinteros; Sebastián y Alfonso Galeote, carreteros; José de la Fuente, herrero; y el guarnicionero de cuero, José Marcos. El importe total de las reparaciones fue de 2.000 reales (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1983).

Pero no sería éste el último arreglo y mejora en la carroza de Maurat dentro del siglo XVIII, ya que en la cuenta que se toma a Don Andrés Avelino de Vergara el 28 de marzo de 1797, desde el 18 de noviembre de 1794, aparece una nueva "Compostura del carro. Consta de varios recibos presentados a este tribunal que en el tiempo de esta quenta se ha hecho una compostura en el carro triunfal de esta Santa Imagen, para poner en sopandas sobre los exes de el trono y toda una armadura en la que se ha gastado lo siguiente: …". En la cuenta constan recibos a nombre de Ceferino Galeote, carretero; Bartolomé Rodríguez, maestro carpintero; Anselmo Monzón, maestro guarnicionero; y Josep Muñoz, herrero.
Entre las reformas efectuadas destacan la colocación del eje trasero, su armadura, tirantes y correajes, sopandas y balancín; también se traslada a Toledo al maestro carretero y al carpintero de la compostura, para que pudiesen observar el carro que tenía la catedral de esa ciudad, “por estar mejor en la conducción y poder colocárselo al carro de Maurat” (Congregación de Ntra. Sra. de los Ángeles).

De igual forma, con el transcurso de los años, la carroza ha sufrido distintas restauraciones. En los libros de actas de la Congregación se encuentra documentación relativa a algunas de las realizadas durante el siglo XX (Mª Teresa Garrote, 2019) (Ángelus, 2004). Así:

  • En 1915, se hace referencia a que la casa Díaz Hermanos efectuó el dorado total de la carroza, cuyo importe ascendió a siete mil quinientas pesetas.
  • En 1943, se indica que el sistema de rodaje de la carroza, constituido por primitivas ruedas de galera que imprimían a la Imagen violentas sacudidas; fue cambiado por ruedas de goma con rodamientos en las ruedas y dirección. La reforma importó seis mil doscientas veinte pesetas.
  • Entre 1949 y 1950, nuevamente, la casa Díaz Hermanos procedió al arreglo de la carroza realizando las obras de carpintería necesarias para su conservación, así como la restauración de los desperfectos de su decorado exterior. La obra comprendió la reparación de grietas y del dorado en las zonas donde había desaparecido y en las zonas donde había sufrido deterioro.
  • En 1962, según se describe en el libro de actas, se procedió a la pintura de la Fe y los angelitos, a la restauración de algunos dorados y plateados, se instaló un bastidor para colocación de flores y velas en el interior de la carroza, y otros detalles menores.
  • En 1979, se refleja que el restaurador don Cruz Solís está realizando trabajos de restauración en la carroza de la Virgen de los Ángeles, sin especificar en que consistieron.
  • En 1980, se hace mención a que la restauración de la carroza llevada a cabo ese año, incluye el dorado de ésta y la reparación del grupo escultórico.

Entre los años 2003 y 2004 se lleva a cabo la última restauración importante y la más reciente. La obra realizada va a afectar a toda la carroza en su estructura, acondicionamiento interior, decoración exterior y grupos escultóricos. Estos trabajos son realizados por Dª Silvia Casado Domínguez y Dª Elena Zazo Cisneros, restauradoras de obras de arte, del Taller de Arte Ghirlandaio, con sede en Colmenar Viejo, en Madrid.

Los trabajos, que se realizan en dos fases, al ser necesario interrumpirlos durante la celebración de las Fiestas Patronales, se inician con un análisis detallado del estado de conservación de la carroza, para definir el tratamiento recomendado en la restauración y conformar el conjunto de la intervención a realizar en cada una de las partes de ésta.

En gran parte de superficie de la carroza la conservación del oro es bueno, pero se aprecia mucha suciedad adherida a la capa de protección y un notable envejecimiento de la misma; también se presentan grietas de distintos tamaños y grosores y la falta de piezas talladas alrededor. En su mayoría, el desgaste del oro es debido al roce de personas y se localiza en las zonas de los laterales y sobre todo en las cuatro esquinas donde sobresalen "volutas" peladas de oro, viéndose en algún caso el bol y el estuco blanco; y en el interior de la carroza se observa una celosía con purpurina desentonando del oro.
Se procede a la limpieza química y mecánica de toda la superficie; al estucado y nivelado de lagunas, con el posterior dorado de faltas con oro fino o plateado, según el caso, y bruñido con piedra de ágata; se remata con una capa de protección final.
La "M", simbolo mariano de la parte posterior de la carroza, presenta escasez de oro original por lo que se procedió a dorar con oro fino toda la zona y se saneó todo el lateral interior, estucando las lagunas y reintegrando las zonas al completo.

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

Carroza de Nuestra Señora de los Ángeles

-Engalanado Actual-

La policromía se somete a una limpieza química y mecánica, eliminando repintes y barnices oxidados existentes. Se procede después a un barnizado para nutrir toda la policromía; a la reposición de piezas, con el pegado de piezas originales e integración de piezas nuevas, dando a toda la obra un aspecto armónico; a un estucado y nivelado de faltas y lagunas; se repone la capa protectora, con la reintegración de faltas y lagunas mediante pigmentos y barniz; y, finalmente, se le da un acabado de protección.

En cuanto a las ruedas, que son de madera, el problema más importante es la gran suciedad superficial adherida a la capa de barniz de protección, que se ha oxidado alterando el estado cromático de la pintura dorada, dándole un aspecto verdoso. Además, existe perdida de policromía en zonas doradas.
Se corrige todo ello mediante una limpieza, para la eliminación de suciedad y barnices oxidados; la reposición de la capa protectora; el estucado y nivelado de juntas y grietas; la reintegración de zonas doradas con oro alemán; y, finalmente, se realiza la integración de las faltas en la policromía de las ruedas, utilizando pigmento negro en los radios y la rueda y en las zonas doradas con oro fino en polvo.

Las correas son sometidas a una limpieza química y mecánica; y posteriormente a su nutrición, empleando grasa de caballo hasta recuperar la elasticidad.

La lanza también presenta deterioro en su policromía por lo que se le somete a una limpieza química hasta llevar a la pieza a su estado original, dejándose ver la madera; se realiza una consolidación de la madera, mediante resina sintética; y se le da una protección final con cera microcristalina.

En el interior de la carroza el problema más importante es la gran suciedad, de polvo y cerumen, adherida a la superficie, además de las numerosas pérdidas de capa pictórica y grietas que hay en todo el interior. Se realiza una limpieza química y mecánica, eliminando suciedad y ceras; se repone la capa protectora; se procede al estucado de desniveles, faltas y lagunas con pasta de madera; y se hace una reintegración final.
Se encuentran también rotos tres de los brazos portavelas existentes, que se reparan utilizando piezas originales que estaban guardadas.

Las tallas de los ángeles y la Fe que preside la carroza presentan también repintes, grietas, golpes y faltas de piezas que deben ser restauradas. Por ello se realiza una limpieza para sacar la pintura original; se reconstruyen los dedos de la Fe y de algunos angelitos; y se procede al barnizado de todas las figuras con barniz de retoque y reintegración utilizando pigmentos naturales, devolviendo en el caso de los ángeles a su estado original.

Uno de los travesaños de la carroza presenta una importante fisura. Se procede a la reparación de la fisura, consolidándolo y reforzándolo con abrazaderas de metal.

Como puede apreciarse, en su conjunto, se trató de una intervención integral que devolvió al "carro triunfal" su majestuosidad original, permitiéndonos verlo y disfrutarlo actualmente es su máximo esplendor.

Carroza de Santa María Magdalena

En el retablo mayor de la Catedral, en la calle central del segundo cuerpo, se colocó en una «caja» una gran imagen triunfante de Santa María Magdalena, a quien está dedicada la iglesia y el retablo. Lleva en la mano izquierda una copa o frasco para perfume, en la derecha un libro y en su inferior una calavera, que hace referencia a su vida como penitente (María Pilar Corella, 1979).

Pero de Santa María Magdalena, que desde tiempo inmemorial era patrona de Getafe (Marcial Donado y Manuel de la Peña, 1989), la catedral albergaba, además, otras dos esculturas de madera policromada y que han salido en procesión durante las Fiestas Patronales, de forma ininterrumpida, desde mediados del siglo XX.

La primera de ellas representa a la Santa portando en sus brazos un crucifijo al que contempla. En los años ochenta deja de procesionar y, hasta la restauración del templo, pasó a ocupar una hornacina en el pórtico de la catedral (Carlos J. Vergara, Ángelus, 2007).

Finalmente, esta imagen fue donada a la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, siendo instalada en su Sede donde está localizada actualmente.

Su puesto en la procesión lo ocupó la segunda de estas imágenes, de madera policromada y dorada, que lleva en la mano derecha su símbolo, el pomo o frasco de perfume con que ungió a Cristo en la casa de Leví (Carlos J. Vergara, Ángelus, 2007) .

Esta imagen preside actualmente unos de los retablos de la nave lateral derecha de la Catedral.

Ninguna de las dos imágenes está fechada, pero esta segunda imagen podría situarse en el siglo XVIII, por su rico estofado en la túnica y manto y en el detalle del escote. Además, en el archivo diocesano, en el libro de fábrica de la iglesia se encuentra en la cuenta del año de 1720 y 1722 “la efigie de Santa María Magdalena que mandó a esta iglesia D. Joseph Pingarrón, vecino de Madrid” (Carlos J. Vergara, Ángelus, 2007).

Fue en la Junta General de la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, celebrada el 1 de abril de 1956, según consta en el acta correspondiente, cuando el Hermano Mayor "expuso que iba a restaurarse la antigua costumbre de que la imagen de Santa María Magdalena, patrona de la Parroquia, acompañase a Nuestra Santísima Virgen en la Procesión del Domingo de Pentecostés".
Tras esta decisión, en Junta de Gobierno de 24 de Junio de 1956, se acuerda "que con motivo de haberse restablecido, en el año actual, la antigua costumbre de llevar en la Procesión del Domingo de Pentecostés la Imagen de Santa María Magdalena, era de todo punto necesario dotar a la Congregación de un medio práctico de realizarlo dado el gran esfuerzo que significaba llevarlo a hombros, mostrando a esto su conformidad la Junta y facultando a los directivos Don Julián Butragueño y Don Jesús Pereira para que lo estudiasen a la mayor brevedad". El resultado de todo ello, es el compromiso de construir una carroza para sacar la imagen de Santa María Magdalena en las procesiones del Domingo y Lunes de Pentecostés; sería llevada por los mayordomos menores, para lo que se aumentó su número en seis niños y cuatros niñas.

La nueva carroza fue presentada a los congregantes en la Junta General Ordinaria del 21 de abril de 1957 y se estrenó en las Fiestas Patronales, en el mes de mayo, de ese mismo año.

Ya 1982, en Junta de Gobierno de la Congregación, el comisario de culto D. Jesús Pleite "…sugiere la posibilidad de confeccionar una nueva carroza que de más realce a la imagen de Santa Mª Magdalena…". Sin embargo, no sería hasta los inicios de 1997 cuando se vuelve a tratar el tema "teniendo en cuenta la pobreza de la actual carroza y las averías ocasionadas en plena procesión"; la primera idea es repararla y luego comenzar las gestiones para mandar construir una nueva. Para ello se nombra una comisión compuesta por D. Juan Manuel Herrera, D. Pedro González, D. Mariano Merlo y D. Manuel Galeote, que serían los encargados de preparar un informe de diseño, costo, forma de pago y demás garantías, para presentar a la Junta General una oferta concreta.

Así, en la Junta General Ordinaria de la Congregación de 1997, el Hermano Mayor pasa a informar del gasto extraordinario que se presenta por la adquisición de una carroza para la imagen de Santa María Magdalena. En este sentido, expone que "se han pedido a distintos empresarios artesanos, y fabricantes imagineros, presupuestos sobre un tipo de carroza de tres metros de larga, por uno setenta de ancha, y uno setenta y cinco de alta, con unas tallas alegóricas de la Santa en sus cuatro costados, siendo la propuesta de la Empresa Martínez S.L. la que nos ofrece mayores garantías". "El coste es de (1.800.000 pts.) un millón ochocientas mil pesetas, presupuestándose hasta los dos millones de pesetas, por alguna mejora o variación de última hora, siendo el pago de un tercio del total de la obra, al empezar ésta, otro tercio a la entrega de la carroza y al año, de su estreno, el resto". El Capítulo General da la aprobación del gasto extraordinario para la construcción de esta nueva carroza.

Carroza de Santa María Magdalena

Carroza Actual de Santa María Magdalena

La nueva carroza, de estilo neobarroco, se construye de madera dorada y policromada. Las ruedas de goma, hinchables, la dirección de lanza, con jardineras embutidas para flores y en las esquinas ángeles portando ofrendas en forma de faroles.

La entrega está prevista para mayo de 1998, con objeto de que pueda estrenarse en la Fiestas Patronales. Y, en efecto, la imagen de Santa María Magdalena es sacada ya en su nueva carroza, previamente bendecida en la misa vespertina del domingo, en las Procesiones del Domingo y Lunes de Pentecostés de 1998 (Carlos J. Vergara, Ángelus, 2007) .

La antigua carroza, debidamente restaurada, se sigue utilizando en la actualidad para llevar el Guión de la Coronación en las procesiones del Domingo y Lunes de Pentecostés y, últimamente para llevar un estandarte y las flores que se van entregando a la Virgen durante la Bajada a Getafe en el día de la Ascensión; en todos los casos llevada por los jóvenes congregantes que ese año pasan a mayores.

Estandartes y Guiones

Son varios los estandartes que posee actualmente la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, utilizados principalmente durante los actos de las Fiestas Patronales.

Además dispone de una guión de plata conmemorativo de la Coronación Pontificia de la Virgen.

Cetros y Varales

Cetros y Varales

Cetros y Varales

Actualmente, la Congregación dispone de una gran variedad cetros con sus correspondientes varales, en metal plateado, que incorporan distintas representaciones de Nuestra Señora de los Ángeles; todo ello compone un conjunto muy apreciado de orfebrería religiosa.

Los portan aquellos congregantes que son miembros de la Junta de Gobierno y los Mayordomos anuales durante las procesiones del Domingo y Lunes de Pentecostés.

Elementos Procesionales